Después de algunos meses retirada de la escritura en este pequeño espacio personal de conexión y armonía, y con el paso de la última Luna Llena del verano, he sentido de nuevo la mágica conexión que me une a este blog, a esta pequeña creación que un maravilloso día surgió desde el amor, la escucha y el respeto a uno mismo.

Es por eso que hoy, día 31 de este maravilloso mes de Agosto, y aunque el calendario no diga lo mismo, dentro de mí se cierra un ciclo de tres intensos meses de emociones y sensaciones muy diversas, de eclipses, de lluvia de Perséidas, de equilibrios y desequilibrios, de conexión y des-conexión, de lunas llenas, crecientes, nuevas y menguantes, y de naturaleza, de mucha naturaleza.

En este post, muy diferente a los demás escritos en este blog, no encontrarás una guía práctica de cómo gestionar tus emociones, ni tampoco un ejercicio para llevar a cabo una sesión de meditación, ni siquiera una experiencia personal con la mágica práctica del yoga.

En este último post del mes de Agosto, y centrando aquí todas las vivencias experimentadas durante estos tres meses del ciclo de verano, encontrarás un análisis personal, y muy especial, sobre todo lo vivido en esta maravillosa estación de fuego y luz propia. Una conclusión que cierra, para mí, las puertas de un mágico ciclo de verano; un ciclo de total conexión con la Tierra y la naturaleza. 

Antes de empezar, quiero hacerte saber, como siempre, que todos y cada uno de nosotros somos especiales, únicos y maravillosos en todas y cada una de nuestras extensiones cuerpo, mente y espíritu, y, por ende, cada uno de nosotros siente, entiende y enfoca esta experiencia física de una forma distinta y tan válida como cualquiera de las demás conocidas y por conocer. Por ese motivo, y pidiéndote entre líneas que seas tú mismo quien elija tu propia forma de hacerlo, quiero aclararte que no es necesario que mi forma de entender y enfocar mi espiritualidad resuene con la tuya, ni siquiera lo es que mi calendario de ciclos sea el mismo que el tuyo. Cada uno de nosotros, especial y maravilloso en cada una de sus vertientes, debe buscar la forma de entender y practicar su propia espiritualidad, y decantarse a elegir aquella que más resuene dentro de su alma, dentro de su propio ser.

Dicho esto, ahora sí, quiero dejarte entre estas líneas mi pequeña gran valoración sobre este último ciclo de verano, así como los aprendizajes que este ha traído a mi vida para acompañarme a seguir evolucionando en mi camino de crecimiento personal y espiritual.

Deseo que leas este artículo con el alma muy abierta, pues solo así podemos sentir en nuestra propia piel aquello que alguien nos describe con palabras.

 

CICLO DE VERANO; APRENDIENDO A «DEJARME SER»

«Me permito ser y existir, fluyo con el ritmo de la vida, y con el de las estaciones».

Permitirnos ser y existir, fluir con el ritmo de la vida y de los acontecimientos, emociones y sensaciones que esta nos trae en cada uno de nuestros mágicos ciclos. Porque somos cíclicas, y estamos formadas de fases, así como de «vaivenes» que llevan en ellos grandes puntos de aprendizaje, crecimiento y evolución.

Así como ya relaté en un artículo anterior, «Floreciendo en primavera; enraizadas con la Tierra» ♈, en el que podrás encontrar de qué forma estamos relacionadas con la naturaleza, con sus ciclos, sus fases y sus elementos naturales, el ciclo de verano es un ciclo que representa al poderoso elemento <>.

A su vez, el elemento natural del fuego simboliza nuestra energía vital, así como también el ímpetu, el trabajo, el esfuerzo y la lucha constante. Se le relaciona con la fuerza de voluntad, con el liderazgo, con la decisión y con el proceso de tomar acción, así como también con el de crear, lanzar y trabajar en nuestros proyectos personales, laborales y/o espirituales. El fuego es el elemento del ímpetu, de la fuerza personal y la energía interior, del poder y la persistencia.

Así, y de la misma forma, el ciclo de verano simboliza el tiempo de observación y recolección de todo lo sembrado en el anterior mágico ciclo de primavera, como también la emoción, la exaltación, la alegría y la celebración por los resultados obtenidos, por los proyectos lanzados y por la vida en sí misma.

El ciclo de verano es la época de la luz interior, así como la luz de Sol permanece más tiempo visible, y del brillo personal en todos los aspectos de nuestra experiencia.

Una vez aquí, conociendo ya la relación holística que mantiene el ciclo de verano con nuestra parte espiritual y haciendo una valoración personal de ésta, puedo y «debo» decir que, en mi propia experiencia, y habiendo valorado esta detenidamente durante algunas semanas, he sentido en mi interior la energía vital tan especial que nos aporta el elemento natural del fuego, así como el simbolismo con el que se representa el ciclo de verano en relación con nuestra espiritualidad; luz propia, brillo interior, tiempo de observación. Y, para hacerme eco de ello, y abriéndome a compartir todas y cada una de mis experiencias en este pequeño espacio personal de conexión y armonía, me decido a escribir mi propia valoración sobre ello;

El ciclo de verano en mi vida, siendo ya una de las estaciones con la que menos logro conectar conmigo misma, inició con un fuerte desequilibrio en mi parte emocional y espiritual, así como con una extraña sensación de desconexión con mi centro y mi poder personal. Durante algunas semanas iniciales y, al principio, muy a mi pesar, sentí una falta de energía, de fuerza vital, que me alejaba de la conexión especial que hasta entonces había sentido con mis prácticas de meditación, yoga y escritura. No estaba siendo capaz de conectarme totalmente con mi parte creativa, como hasta entonces había hecho,, ni siquiera con la motivación y la persistencia que hasta ese momento me había acompañado en mi trabajo diario de crecimiento personal y espiritual.

En ciertos momentos/días/semanas, sentía una sensación de desequilibrio, de desconexión, de no-entendimiento de mi misma y de lo que estaba ocurriendo en ese ciclo.

Recuerdo como esas sensaciones y emociones me acompañaros durante gran parte del inicio del ciclo de verano, y con ellas una cierta incertidumbre que me obligaba, sin éxito, a centrarme en la búsqueda de la causa de dichas emociones. Durante algún tiempo busqué, a través de varios método, el porqué estaba sintiéndome de esa forma, hasta que, después de mucho buscar, decidí detenerme, analizar la situación desde el enfoque del entendimiento y hacerme consciente realmente de lo que estaba sintiendo.

Ese proceso me llevó a una vertiente mucho más comprensiva y positiva de la situación vivida en esas semanas; la de escuchar, sentir y comprender que la mejor opción que podía elegir seguir era, sin lugar a dudas, la de <>, la de dejarme ser, existir y sentir todo lo que estaba experimentando sin juzgar ni juzgarme, sin intentar evitarlo. 

Y fue así, y entonces, cuando realmente empecé a escucharme y escuchar las sensaciones que sentía, y a analizar la causa de cada una de ellas desde un enfoque de entendimiento y permisividad. 

Me permití sentir la desconexión con mi centro en toda su totalidad, observando y aprendiendo de las sensaciones que esta me traía, y descansar durante un tiempo pausando también mis proyectos y mis prácticas.

Me permití parar y limitarme a experimentar, saborear y conectarme únicamente con el momento presente que estaba viviendo.

Después de algunas semanas, y habiendo experimentado de nuevo que la mejor forma de afrontar una situación de niveles de energía muy diversos y distantes es siempre la de permitirnos y dejarnos ser, llegó de nuevo y poco a poco el momento de conectarme conmigo misma, de retomar la meditación, la práctica del yoga y las emociones realmente positivas y nutridoras.

Así, y haciéndome consciente de que absolutamente todo llega en el maravilloso momento en que realmente debe hacerlo, volví a fluir con todas ellas, conectándome de nuevo con todo aquello que había dejado pausado unas semanas atrás.

Todo volvió a su lugar, y lo hizo con más fuerza y energía que nunca.

Retomé todas aquellas cosas que me hacían sentir llena, que me conectaban con mi centro, así como mis proyectos, mis prácticas de yoga y meditación y mi escritura. Volví a sentir la fuerte conexión que me une con mi centro espiritual, y supe apreciarla mucho más de lo que lo había hecho hasta entonces. Y fue así cuando sentí que ese era el gran aprendizaje que debía extraer de todas esas semanas de desequilibrio y desconexión «repentina»; el aprendizaje de trabajar en la capacidad de interpretar las señales que emergen de mis emociones y de mi cuerpo para ser consciente de cuando debo permitirme a mi misma desconectar y descansar. El mensaje de que todo tiene su momento, y de que existen momentos para todo.

«Porque somos cíclicas, cambiantes, y dejarnos ser y existir, así como entender cuál es el momento para dejarnos fluir con el ritmo de la vida, sin más, es el primer gran paso de un camino de auto-descubrimiento y amor propio.»

 

UN CICLO DE FUERTE CONEXIÓN CON – LA TIERRA –

Estamos enraizadas con la Tierra, con los ciclos de naturaleza. Con las estaciones y los elementos naturales. Con el brotar y crecer de las semillas, con la Luna y el Sol. Somos agua, fuego, tierra y aire. Somos otoño, invierno, primavera y verano. Somos semilla que brota, crece y se transforma, así como también árbol que deja caer sus hojas permitiendo la entada a un nuevo ciclo. 

Florecemos, crecemos, evolucionamos, nos transformamos, y lo hacemos al ritmo de la naturaleza, de sus maravillosos ciclos y de sus mágicas fases.

Llevamos la Tierra en lo más profundo de nuestro interior, en la parte más pura de nuestro ser.

Somos Gaia; gran Madre Tierra.

– Fragmento del artículo «Floreciendo en primavera; enraizadas con la Tierra» ♈, Mireia M – @conalmabohemia

Y es así como lo he sentido durante este ciclo de verano. Un ciclo lleno de conexión con la Tierra, con la naturaleza y con su armonía. Un ciclo en el que he me he conectado con lo más profundo de mi chakra raíz, llenando mi ser de energía natural a través de la tierra que sostiene nuestros pies, a través del verde de los árboles, del sonido de los pájaros, del azul del cielo, del silencio de la lluvia, de la energía del Sol.

Un ciclo en el que he caminado descalza por el bosque, sintiendo la gran conexión que nos une a Gaia, llenándome de su fuerza y energía, sintiéndome mujer árbol, siendo un canal de energía entre el cielo y la Tierra, meditando al ritmo de los atardeceres.

Y es por eso que, en este pequeño artículo personal, quiero dejarte una pequeña gruía práctica de meditación en Gaia, para que, si así lo sientes, puedas seguirla y conectarte así con tu esencia interior, con tus raíces y con la armonía de la Madre Tierra.

 

MEDITACIÓN EN GAIA – GUÍA PRÁCTICA ☽

– Busca un rincón de naturaleza en el que puedas sentirte cómoda. Una vez allí, deshazte de tus zapatos por unos instantes y déjalos a un lado.

Junta tus pies, con la cabeza hacia abajo y observa cómo permanecen en contacto con la tierra, sosteniéndote y conectándote con la energía del bosque, de la naturaleza. Permítete unos minutos para sentirlo.

– Ahora, cierra tus ojos y realiza tres respiraciones profundas poniendo atención plena en el momento presente que estás experimentando; siente el aire entrar en tus pulmones y nutrir tu cuerpo, tu templo, tu canal para estar aquí y ahora.

Permítete sentir, durante unos instantes y en plena armonía, la conexión que nos une a la Tierra. Tú estás en ella.

– Abre tus ojos, observa el paisaje que te rodea, observa su plenitud, su fuerza, su ritmo, su perfección. Observa los pájaros que hay en él, las montañas, los colores que lo forman, siente el viento. Estás aquí y ahora, en total libertad.

Permítete permanecer en este estado de serenidad y relajación todo el tiempo que sea necesario. Siente el momento presente. 

– Cuando estés preparada, siéntate en el suelo, todavía descalza, y busca una posición cómoda de meditación. Realiza de nuevo tres respiraciones profundas, inhala, exhala, inhala, exhala, inhala, exhala, siéntete estar, ser y existir. Tómate tu tiempo. 

– Cierra tus ojos, siente el sonido natural que te rodea, no hay melodía más pura que esta. Relaja tu mente, observando los pensamientos que pasan por ella sin juzgar, sin perseguirlos. Mantén la atención en tu respiración, en el momento presente que estás experimentando.

Y, así, conéctate con tu interior, con tu centro. Siente la conexión que te une a él, llénate de armonía, de paz, de serenidad. Todo está bien. Tómate tu tiempo y, cuando así lo sientas, finaliza tu meditación realizando tres respiraciones profundas de nuevo.

Abre tus ojos, agradece esta bella práctica y permítete un tiempo de observación para saborear este momento, este paisaje, este lugar. Estás en paz con el mundo, contigo misma y con la Tierra. Y estás aquí. 

Repite este ejercicio tantas veces como sientas la necesidad de conectar con tus raíces, con la Tierra y con sus ciclos. Tantas veces como sientas la necesidad de llenarte de armonía, paz y serenidad. No hay nada más real, puro y maravilloso que esta experiencia. No hay nada más mágico que conectarnos con nuestra esencia allí donde el silencio se transforma en libertad y bienestar.

Y, ante toda adversidad, recuerda que, ocurra lo que ocurra fuera y dentro de ti, siempre tendrás la maravillosa oportunidad de viajar hasta tu interior y conectarte con la energía sanadora de tu centro.

Para finalizar, quiero dejarte aquí otra maravillosa visualización guiada de una de las mujeres que más me ha inspirado desde mis inicios en el camino del auto-descubrimiento personal y espiritual; Mujer Cíclica. Una visualización para conectar con nuestras raíces, con nuestra parte salvaje y femenina, con nuestro poder cíclico y nuestra energía vital, la visualización «Mujer Árbol». Puedes escucharla de forma gratuita haciendo click aquí.

Deseo que te guste, te ayude y te guíe en tu camino. 

¡Gracias por leerme! Nos volveremos a ver muy pronto en este espacio.

Feliz día.

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