Recuerdo haber escuchado alguna vez hablar sobre la práctica de la meditación, incluso haber leído algún artículo, pero ese era un ámbito que pasaba bastante desapercibido para mí, de hecho, recuerdo como mi mente, casi de forma automática, relacionaba la palabra <> con algo muy lejano, muy ajeno a mí y a mis intereses personales. Nunca me había cuestionado qué era realmente la meditación, ni de dónde provenía, ni qué beneficios aportaba su práctica, pero todo eso cambió radicalmente en un momento de mi vida, exactamente en el momento justo en que debía cambiar, y significó para mí la apertura a un nuevo y apasionante mundo espiritual con increíbles cosas por descubrir y conocer.

A raíz de mi primera lectura de temática espiritual y de crecimiento personal, un libro del que ya hablé en un artículo anterior y que marcó un punto de inflexión en mi forma de ver y entender la vida, la práctica de la meditación volvió a aparecer en mi vida como por arte de magia, sin pedirla, sin buscarla. Empecé a sentir en mí una <> de investigar, un impulso de descubrir qué era la meditación y porqué había llegado a mí en ese justo momento, en ese preciso instante, y fue entonces cuando empezó a aparecer en mi vida toda la información que necesitaba conocer.

¿QUÉ ES PARA MÍ LA MEDITACIÓN Y QUÉ ME APORTA?

Para mí, la meditación es mucho más que una práctica energizante y relajante. Para mí, meditar, es una increíble forma de conectarnos con nosotros mismos, con nuestro propio ser, con nuestra alianza mágica entre cuerpo, mente y espíritu. 

Es entrar en nuestro interior para contemplar nuestra verdadera esencia, para sentir nuestro verdadero «yo», para agradecer la maravillosa experiencia que supone existir, el estar aquí y ahora, y para hacernos conscientes del poder que hay dentro de cada uno de nosotros y de la magia y la energía que poseemos en nuestro interior.

Meditar es un proceso de interiorización, de entrar en nuestro interior para observarnos, contemplarnos, aceptarnos y dejarnos fluir con la mayor atención y amor posibles. Meditar no es aprender a controlar y manejar nuestra mente y nuestros pensamientos, meditar es parar, pausar todo lo externo, volvernos hacia dentro y descubrir cual es nuestra verdadera esencia, cual es nuestro verdadero propósito. 

Si pudiera resumir en una única palabra todo lo que me aporta la práctica de la meditación, esa sería, sin duda alguna, la palabra – bienestar -. Bienestar como un estado general en cuerpo, mente y espíritu.

Meditar es sentir como una enorme energía real y positiva inunda todo mi «yo», haciéndome consciente del aquí y ahora y de mi poder interior con más fuerza que nunca. Es un momento de conexión conmigo misma en el que siento que lo único que existe realmente soy yo, yo y el propósito de mi existencia, de mi «ser».

Meditar equilibra mis sentimientos y emociones llenándome de paz y tranquilidad. Me aporta calma, armonía, fuerza, claridad mental, estabilidad. Me re-conecta conmigo misma y con todo mi mundo interior.

¿CÓMO MEDITO?

Antes de explicar cómo llevo a cabo la práctica de la meditación, me apetece mucho aclarar que esta es mi propia forma de entender mi espiritualidad y de meditar, con la que yo conecto y con la que me siento llena, pero no existe razón alguna por la que tú tengas que sentirte igual de identificado/a con ella. Existen tantas formas de meditar como personas que practican la meditación, y la mía es solo una más, ni mejor ni peor que las demás, únicamente una más. Y es ahí donde reside la magia de la meditación y de la espiritualidad en general; en descubrirnos a nosotros mismos y a nuestra espiritualidad de forma propia e individual, experimentando, aprendiendo, evolucionando, conectando y siendo únicos y especiales.  

Ahora sí, aquí va mi forma de practicar la meditación:

Opto por meditar por las noches, justo antes de irme a dormir, ya que es el momento del día en el que me siento más conectada conmigo misma y en el que puedo hacer de mi rincón un espacio personal donde relajarme y fluir con total libertad. No me obligo ni me fuerzo a mi misma a meditar todas las noches, y eso es algo que me ha llevado un tiempo entender y aprender a hacer. Marcar una <> de meditación constante es algo positivo, pues meditar es el resultado de un proceso de aprendizaje y requiere práctica y constancia para mejorar y evolucionar, pero marcar una rutina no quiere decir obligarse, ni forzarse. La meditación busca las sensaciones positivas, el bienestar, y cuando hay obligación no puede haber bienestar. No te obligues, no te fuerces, y, si en plena meditación sientes que no logras conectar, acepta, libera y finaliza tu práctica agradeciéndola con amor. 

El primer paso de mi momento de meditación es crear y adaptar el espacio en el que voy a meditar y transformarlo en mi retiro de inspiración. Prender alguna vela, poner algo de incienso, encender una lámpara de sal. Son algunas de las pequeñas cosas que me gusta hacer y que le dan un ambiente cálido y relajado a mi estancia. No son esenciales, pero me ayudan a conectarme con el espacio que voy a utilizar. 

Una vez ambientado mi retiro, escojo uno de mis cristales, pues me gusta mucho añadirlos a mi práctica para nutrirme de sus propiedades, y lo coloco en el suelo junto a mi cojín de meditación, adoptando mi postura de meditación y el mudra con el que más conectada me siento, y pongo a reproducir sonidos relajantes de la naturaleza o cuencos tibetanos. 

Me permito unos segundos para visualizar las propiedades del mineral con las que quiero trabajar en esa práctica y pongo atención plena en mi respiración, dejando fluir mis pensamientos y emociones y empezando a relajar mi cuerpo. Pasados unos minutos, todo lo que al principio podía parecer un caos de pensamientos fluyendo por la mente, se calma para dejar paso, cada vez más, a una atención plena en el momento – presente en el que estoy y a unos espacios mentales vacíos en los que aparecen la energía, la fuerza interior y la armonía, llenando de estas sensaciones todo mi <>.

Es entonces, en esa cumbre de espacios vacíos de pensamientos y de atención plena en el hecho de <>, cuando se da eso a lo que llamamos <<meditación>> y llegamos a la verdadera conexión con uno mismo y con nuestro poder interior.

Cuando siento que estoy preparada para terminar la práctica, abandono lentamente el estado de consciencia plena, o estado de <<meditación>>, volviendo a centrar mi atención en la respiración hasta finalizar el proceso.  

Aunque no hay pautas establecidas sobre la duración de la práctica de la meditación, y esta varía en función de cada persona y de su forma de practicarla, es recomendable empezar con unos 5 -10 minutos de meditación e ir prolongando la duración con la experiencia que nos aporta el ser constantes. 

Para mí, si hay algo esencial en la práctica de la meditación es que seamos nosotros mismos quienes determinemos el tiempo que dedicamos a cada práctica, sintiendo y eligiendo el momento en el que estamos preparados para ponerle fin, y que no intentemos forzarnos a seguir con una práctica si sentimos que no conectamos con ella, pues, en ese caso, la meditación no tendría ningún sentido.

Si eso ocurre, si sientes que no logras conectar con ese momento, sé consciente de ello, acéptalo, permítete ser, déjate fluir y termina tu práctica con agradecimiento. La meditación es un espacio de relajación y calma, y nunca debe suponer una obligación.

MÚSICA PARA MEDITAR

Llegados a este punto, no podía finalizar este artículo sin hablar de la música y los sonidos de naturaleza y cuencos tibetanos. Ellos son gran parte de mi proceso de meditación, y me ayudan a concentrarme y relajarme, antes, durante y después de mi práctica. 

A pesar de eso, hay días en los que opto por dejar a un lado la música y meditar sin ella, incluso con sonidos externos, con el objetivo de potenciar mi capacidad de concentración y atención plena y evitar que los sonidos exteriores influyan en mí. La meditación es entrar en el interior de uno mismo, y, por lo tanto, dar a algo externo, como sonidos de coches o televisores, el poder de perturbar o disminuir nuestra capacidad de atención es dejarnos influenciar por ello. 

Con práctica y constancia, creo firmemente que todos seríamos capaces de meditar en cualquier lugar público con todo tipo de sonidos externos sin dejarnos perturbar por ellos.

A continuación encontrarás el título de algunas de las reproducciones de sonidos de la naturaleza y música relajante con las que más logro conectar. Para mí, todas y cada una de ellas son música para el alma. 

Haz clic encima del título para abrir el enlace directo a la reproducción:

 

MEDITACIÓN DE 10 MINUTOS – OLAS DEL MAR

MEDITACIÓN DE 1 HORA – AULLIDO DEL LOBO / LA LUNA 

MEDITACIÓN DE 10 MINUTOS – SONIDOS DE NATURALEZA

MEDITACIÓN DE 1 HORA – GAIA, SONIDOS DE LA TIERRA

MEDITACIÓN 25 MINUTOS – RELAJACIÓN

Después de haber explicado qué es para mí la meditación, qué me aporta y cómo llevo a cabo la práctica, expresar aquí que todo lo relatado en este artículo es únicamente una pequeña parte de un largo y maravilloso camino de investigación, descubrimiento, dedicación, constancia y amor, y yo estoy solo en el principio de este.

Me ha llevado algún tiempo entender que la meditación no es algo simple que podamos conseguir con una primera práctica. La meditación es trabajo, aprendizaje, observación, escucha, y todos tenemos la capacidad de llegar a ella. El primer paso para hacerlo es sentir que, realmente, – queremos hacerlo – . 

Y hasta aquí mi artículo sobre meditación. Deseo que os inspire mucho y que, como yo, también os aventuréis a descubrir la meditación como el camino hacia la armonía, la paz, el equilibrio y la conexión con uno mismo y con nuestro poder interior.

Gracias por leerme.

¡Feliz día!

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