¿Quién soy yo?

¿Hacia dónde me dirijo?

¿Qué me hace sentir llena? 

Realmente hace pocos meses que decidí tomar la aventura de descubrir quién era yo y porqué estaba aquí. Hasta entonces había vivido de una forma simple, a veces triste, otras sin tener claros mis objetivos, sin mirar más allá de lo que mis ojos veían, sin preguntarme a mi misma porqué estaba viviendo de esa forma que no quería para mí. 
Había días en los que mi vida no parecía tener sentido, ni rumbo. Eran días vacíos, llenos de dudas existenciales, de preguntas de las que yo misma huía para no tener que enfrentarme a lo desconocido, al cambio. Mi mente se volvió un caos, y yo no quería ni sabía encontrar la salida.

Pasó un largo tiempo hasta que decidí, por mí misma, descubrir qué era lo que me estaba bloqueando y el porqué lo hacía, y fue entonces cuando me di cuenta de que no era nada externo, nada ajeno. Era yo, yo misma, mi mente y mis pensamientos limitantes los que no me dejaban avanzar con claridad.

Sentimiento de «estar perdida», de no saber hacia donde dirigirme, de no saber «qué hacer con mi vida». Estrés, agobio, cansancio, rutina. Estas son solo algunas de las sensaciones y emociones que, hasta hace un tiempo, experimentaba a diario en mi vida. 

Rondaban por mi estado anímico casi cada día desde hacía ya algunos años, y yo había aprendido a  convivir con ellas, me había acostumbrado a tenerlas en mi vida, incluso en muchas ocasiones la única respuesta a la pregunta «¿porqué vivo y me comporto de esta forma?» era «porque yo soy así, esta es mi forma de ser y tengo que aceptarla». 

Sabía y sentía dentro de mí que no me gustaba convivir con esas sensaciones, que no me hacían sentir bien y que arruinaban mis días y mi vida en todas sus expresiones, pero en mi mente no existía ninguna posibilidad de cambio, no porque yo me resistiese a él, sino porque, en ese momento, ni siquiera conocía esa posibilidad.

Recuerdo sentir como todos esos sentimientos y sensaciones negativas venían de la mano de pensamientos que me limitaban, que me bloqueaban y no me dejaban avanzar en mi camino, en mi vida, pero yo misma había convertido esos pensamientos limitantes en creencias sólidas, por lo que las experiencias que experimentaba a diario en mi vida también se volvían experiencias negativas y desmotivadoras.

No sé qué quiero estudiar.

No encuentro lo que me gusta.

No sé a qué quiero dedicarme.

Nada de lo que hago me llena.

No sé, ni soy capaz de saber, qué quiero hacer con mi vida. 

No tengo claro qué me gusta hacer y qué me hace sentir llena.

Estos pensamientos negativos retumbaban en mi mente cada día, y yo no sabía que lo único que estaba haciendo con ellos era crear un pensamiento «padre», o resultante de la lista anterior, que actuaría como base de todo mi malestar; «Estoy perdida, y me siento así».
Este pasó de ser un fugaz pensamiento a convertirse en una creencia sólida, y a transformarse después en un sentimiento, en una emoción negativa que yo misma plasmaba en mi vida en forma de experiencias negativas. A pesar de eso yo seguía inmersa en esas emociones negativas, en todos esos pensamientos limitantes, y permanecía quieta, dejando pasar los días, viviendo tal y como lo había hecho siempre, como conocía, aunque esa no fuese la forma en que yo quería vivir.
A veces, incluso, sentía que necesitaba enfadarme conmigo misma por permitirme vivir de ese modo, y me preguntaba el porqué de «mi personalidad», el porqué de «ser así» y el porqué de decidir seguir en esa línea de comportamiento a diario, pues me sentía vacía, perdida, bloqueada física, mental y emocionalmente, pero; ¿qué podía hacer yo contra eso? Si yo era así. 

Por otro lado, hasta ese momento yo había leído muy poco; algunas novelas románticas y algunas lecturas obligatorias en Bachiller. La lectura nunca había sido mi pasión y realmente pasaba desapercibida para mí, pero eso cambió rotundamente en un instante concreto de mi vida.

Como por arte de magia, una mañana lluviosa de octubre llegaron a mí los títulos de algunos bestsellers de crecimiento y desarrollo personal, ámbito que yo desconocía totalmente, haciéndome sentir una gran necesidad de investigar un poco más sobre ellos, de leer sus sinopsis, de descubrir qué podían ofrecerme y de preguntarme porqué habían llegado a mí en ese momento de mi vida. Y así lo hice. 

Busqué cada una de las sinopsis de los libros que más me habían llamado la atención y las leí con calma, manteniendo la mente abierta a esa nueva información que se me había presentado sin buscarla, y fue en ese preciso momento cuando descubrí que algo estaba empezando a cambiar en mí. Por primera vez en mi vida, una pequeña parte de mí estaba interesada en conocer qué era aquello del crecimiento y desarrollo personal y qué podían ofrecerme esos libros que habían aparecido en la pantalla de mi ordenador por sorpresa, y así fue como decidí comprar algunos de ellos, aquellos con los que me había sentido más conectada mientras leía su sinopsis.

Esa misma noche, como en un impulso de cambio que yo no había conocido hasta entonces, me embarqué en la búsqueda del «cómo saber a qué quiero dedicar mi vida, hacia dónde quiero ir, quién soy y qué me llena el alma».

Llegué a casa, entré en mi habitación y rebusqué entre mis viejas libretas para encontrar alguna que estuviese sin acabar, y, aunque la encontré, sentí que esas libretas ya estaban escritas con la energía de momentos pasados, y el momento que yo estaba viviendo era algo nuevo, algo especial y único, por lo que opté por buscar una hoja en blanco, sin cuadros ni líneas que pudiesen decirme cómo debía escribir. Me senté en mi cama, encendí mi lámpara y empecé a apuntar algunos de los pensamientos negativos que rondaban por mi mente transformándolos en preguntas que yo misma después respondería. No sabía muy bien qué estaba haciendo, pero sentía que necesitaba hacerlo. 

¿Qué me gusta? 

¿Qué se me da bien hacer?

¿Qué me hace sentirme llena?

¿Qué siento que me gustaría hacer? 

¿Qué pueda yo aportar al mundo para mejorarlo?

– ¿Cómo convertí los pensamientos negativos en preguntas que sentía que me ayudarían a encontrarme a mi misma? En primer lugar me centré en escoger un pensamiento o creencia limitante, como la de «No sé qué me gusta hacer». Una vez escogida la creencia, eliminé totalmente la negación, y por lo tanto la palabra «no», y la convertí en una pregunta personal, saliendo en este caso la pregunta «¿Qué me gusta?»

Siguiendo ese propio método, y dudando aún cómo había podido yo aprender a hacer eso, estaba logrando eliminar de mi mente cualquier negación o pensamiento negativo para dejar paso a una pregunta personal que después respondería. – 

Respondí las preguntas en silencio, centrándome plenamente en lo que estaba haciendo, mirando por primera vez hacia mi interior, y, cuando volví a leer las respuestas que había plasmado en aquél papel, me sentí completamente liberada, misteriosamente renovada. Había sido capaz de sentarme en silencio con atención plena en ese momento-presente, dejando de lado los pensamientos y sensaciones limitantes, y me había escuchado a mi misma por primera vez en mucho tiempo.

Había sido capaz de parar el tiempo por un instante y plasmar en aquella libreta mi alma, mi esencia, la conexión que me llevaría a enlazarme conmigo misma y con mi «yo». 

Me había escuchado, me había descubierto, y sentía una sensación de grandeza, de liberación. Sentía magia. 

A la mañana siguiente sentía que me apetecía mucho volver a escribir, estaba motivada por hacerlo, por lo que decidí ir a comprar una libreta bonita donde poder plasmar todo lo que pasaba en esos momentos por mi mente. Sentía que necesitaba hacerlo, y, de nuevo, lo hice.
Compré una libreta sencilla, pero a mí me parecía preciosa, sentía que me inspiraba con solo ver su portada, y tenía una latente sensación de que ese estaba siendo el principio de algo grande, de algo especial y mágico. Sabía que, a partir de aquel momento, algo iba a cambiar rotundamente en mi vida, e iba hacerlo hacia la felicidad, hacia la paz y la armonía.

Esa misma noche llegué de nuevo a casa y volví a sentarme en mi cama, esta vez con mi nueva libreta entre las manos. Encendí una vela natural y empecé a escribir las cosas que quería y necesitaba plasmar en ella. Sentía que con cada palabra que escribía, algo dentro de mí se liberaba. Era mi momento, mi retiro de introspección y de atención plena a lo que estaba haciendo y sintiendo en ese instante, y esa era una nueva sensación maravillosa. 
Escribí todas aquellas cosas que me gustaba hacer, todo aquello que se me daba bien realizar, aquello que me hacía sentir feliz y me llenaba de energía positiva. Escribí, también, las cosas que creía que yo podía aportar al mundo, a los demás, y, al plasmar la última palabra en mi libreta, suspiré y sentí algo que hacía mucho tiempo que no había sentido; plenitud

Había encontrado mi sentido, mi propósito, mi esencia, y estaba siendo consciente de ello. Me había encontrado a mi misma y había sido capaz de plasmar mi alma en las hojas de aquella libreta. Me sentía llena, enérgica, liberada, especial.

Durante unas semanas revisé a diario mi libreta y la lista de cosas positivas que había apuntado en ella para asimilarlas en mi vida, y preguntarme así qué estaba haciendo y qué elegía hacer en cada momento para lograr llegar a lo que deseaba. Y así empecé a trabajar en modificar la forma en que vivía para vivir la vida que realmente deseaba vivir.

Decidí empezar a hacer cada día aquello que me hacía sentirme bien, aquello que me llenaba de verdad, que me ilusionaba y me hacía vibrar conectándome conmigo misma. Decidí trabajar a diario para alcanzar mis objetivos e intenciones, dedicarme tiempo, mucho tiempo, y amarme, amarme a mí misma por encima de cualquier cosa existente.

Y fue entonces, después de ese primer gran cambio en mi vida, cuando muchas otras cosas fueron llegando a mí casi solas, sin buscarlas, sin pedirlas, como si llegaran a mi vida porque yo les había dado paso para hacerlo. Entre ellas llegaron nuevos libros de desarrollo personal, de los que todavía sigo aprendiendo mucho y en los que me encanta perderme y descubrir cosas nuevas. Llegaron también películas con historias motivadoras de viajeros que se aventuraban a vivir de la forma en que querían hacerlo y de mujeres con alma libre, salvaje, nuevas libretas en blanco para plasmar todo lo que pasaba por mi mente, minerales y piedras preciosas, velas aromáticas, incienso… Un cúmulo de pequeñas cosas materiales que entraban a mi vida descubriéndome nuevos mundos, y así fue como sentí que necesitaba limpiar mi casa de todo aquello que tenía acumulado desde hacía tiempo y quedarme solo con las cosas que tenían un significado especial para mí. 

Pero hubo algo dentro de todo esto mucho, mucho, más especial que las pequeñas cosas materiales que entraban en mi vida, y fue la apertura de todo un mundo de información especial y valiosa sobre temas que yo no había descubierto hasta entonces. Descubrí el ciclo lunar y cómo la luna influye en nosotros, llegó a mí la bonita y maravillosa práctica del yoga y la meditación como forma de conectar con nosotros mismos, con nuestro cuerpo, mente y espíritu, llegaron también páginas y blogs maravillosos con los que todavía sigo aprendiendo, y, en especial, se abrió en mi mente una nueva forma de ver y entender la vida y todo lo que la rodeaba. 
Fue como si todo un mundo nuevo se hubiese abierto para mí, un mundo en el que a día de hoy me siento libre, mágica, especial, y en el que sigo aprendiendo a diario infinidad de cosas nuevas que me llevan por el camino de la conexión con uno mismo y me conectan con la esencia de nuestro propio ser. ღ

Para mí, este fue un momento mágico, maravilloso y especial en mi vida, como un punto de inflexión que me abrió la puerta a un camino de conexión conmigo misma, a un camino de autoconocimiento, de crecimiento y desarrollo, de energía positiva y de vibraciones interiores. A un camino que me permite, me permitió y me permitirá descubrirme, conocerme, aceptarme y amarme, a mí misma y al mundo que me rodea. Y me siento muy agradecida por ello. 

Una vez aquí, me gustaría aclarar que esta es una historia especial, un relato personal que me apetecía mucho plasmar en este pequeño espacio propio de positivismo, crecimiento y desarrollo, y por lo tanto es algo único, especial, personal e intransferible de mi persona.

Para mí, conocerse a uno mismo es algo esencial y maravilloso, y creo rotundamente que todos tenemos la capacidad de hacerlo, pero no todos somos iguales y no a todos nos mueven las mismas cosas, por lo que no todos llegamos al camino del autodescubrimiento de la misma forma.

Considero que lo más mágico de emprender el camino de conocerse a uno mismo es la forma en que decidimos empezar a hacerlo, y cada uno de nosotros debe buscar la suya propia, aquella que sienta latir dentro de sí mismo.

Del mismo modo, considero que todo llega a nosotros en el momento justo y perfecto, por lo que no debemos forzar el momento de empezar a descubrirnos a nosotros mismos, pues es algo que llega a nuestra vida cuando realmente debe hacerlo, y cuando sentimos que así debe ser. 

Sin embargo, hay algo de este pequeño relato que sí quiero recomendar a todo aquél que sienta que necesita buscarse, encontrarse, descubrirse; y es – escribir – .

Coge una libreta que te inspire, que te mueva con solo mirarla, y transfórmala en una libreta personal en la que poder plasmarte a ti mismo a través de palabras, e incluso dibujos si eso te hace sentir bien. Es realmente impresionante cómo podemos llegar a liberarnos escribiendo todo lo que pasa por nuestra mente.

Y, como siempre digo y diré; – escribir es para mí una bonita forma de plasmar la parte más profunda de nosotros mismos. Escribir nos lleva a aclarar nuestras ideas, a fijar nuestros objetivos, y a avanzar plácidamente por el camino del autodescubrimiento y la realización personal. Escribe, siempre. – 

Deseo que así sea también para vosotros. 

Gracias por leerme.

¡Feliz día! 

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